El mes de noviembre sigue su curso día tras día, y a pesar de que ha pasado mas de una semana aun sigo con el regusto que dejo en mi el cierre del año de la Misericordia acompañando a la Reina del Transporte iluminando su caminar.

Fueron muchos los momentos que podríamos destacar en dicha procesión, siendo ejemplo de ello la salida de la patronal basílica al amanecer, la cual ofreció estampas inigualables de la bella imagen que Sebastián Santos tallara para aumentar los rezos a María en la plaza Santa Isabel de Hungría.

Noviembre en este año ha visto teñido su luto por el blanco protector que tan bien luce la Virgen de la Misericordia. Radiante se contemplaba a la Virgen en su paso desde el triduo que preparaba a los hermanos de la corporación sobre lo que iba a llegar. Preciosa y ataviada de la mejor de las maneras, Madre de Dios de la Misericordia estaba situada en el altar mayor en su paso, y es que sobre como viste y luce esta Santísima Imagen, siempre ha sido ejemplo del buen hacer de un vestidor. Un buen hacer que lleva desarrollándose toda una vida, o al menos, la mía, ya que nunca en mi devenir como devoto desde la infancia de esta Virgen, pensé que podría estar vestida de mejor modo que ese en el que la veían mis ojos.

Las cosas bien hechas las bendice el Señor, y es por ello que la cofradía gremial que radica en la Merced tuvo a bien reconocer el buen hacer que durante toda una vida, el vestidor Carlos Otero le ofreció a la Virgen de la Misericordia para colocarle sus mantos, sus sayas y todo lo que concierne a la vestimenta de la que es Madre de Dios.

Recuerdo que cuando era niño (no llevaba mas de dos años saliendo en esta cofradía) el bueno de Carlos me permitió ayudarle a terminar de vestir al Señor del Consuelo, siendo incluso yo mismo el que con el permiso del bueno de Carlos, preparara las manos del Señor para su salida procesional. En esos breves minutos en los que Jesús del Consuelo quedo listo para el Domingo de Ramos, pude darme cuenta lo mucho que sabia Carlos Otero de todas las imágenes a las que les ofrecía su buen servicio.

Dicho reconocimiento ocurrió en el contexto en el que siempre Carlos se ha visto frente a la Virgen de la Misericordia. Ante sus ojos, con emoción y lleno de humildad, recibía  el testigo que le entregaba el hermano mayor a modo de agradecimiento por su siempre fiel entrega a la Virgen.

Hablar a la imagen solo con mirarla y colocar sus ropajes con la mayor delicadeza han sido los secretos que con el tiempo, durante toda una vida, ha provocado el reconocimiento que la Hermandad del Transporte le ha ofrecido a Carlos Otero como vestidor perpetuo, como el vestidor de siempre, y es el que el sacrificio, el servicio, la entrega y el buen hacer que durante una vida ha desarrollado, no merece menos que el reconocimiento que rodeado de sus familiares y amigos recibió Otero ante la Santísima Virgen.

 

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