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Juan Antonio Vidal Dorado.- Estamos inmersos en la Octava de Pascua, acabamos de celebrar los misterios de la Pasión de Cristo que han tenido como colofón la redención del género humano mediante la Resurrección del Señor. Es por ello que esta es semana de balances, y antes de que los sones de Amarguras y los recuerdos imborrables hagan que se me vayan de la mente algunas cosas prefiero dejarlas escritas, a la espera de un artículo más benévolo dentro de dos semanas.
Los cofrades tomamos decisiones, como hombres que somos, unas veces acertadas y otras no tanto, pero con la mente puesta en que hacemos lo mejor para nuestras hermandades, y he ahí el error. No solo tenemos que mirar lo mejor para los nuestros sino para el conjunto de las cofradías, y por supuesto ser consecuentes con lo que se hace. Cuando una Hermandad decide echarse a la calle asume muchos riesgos, y los responsables directos son sus juntas de gobierno, que acertadamente o no, toman la decisión que creen más conveniente para los suyos. Digo esto porque cuando se toman decisiones hay que tener arrestos para asumir las consecuencias y no echar las culpas a terceros de las responsabilidades que te son propias, como se diría en Jerez, a lo hecho pecho. Esto no solo incumbe a las decisiones que atañen a los planes de agua, sino también al común discurrir de las cofradías durante su estación de penitencia. No puede ser que una cofradía tenga que esperar más de media hora para poder entrar en su casa, con el consiguiente gasto que implica recogerse tarde para las cofradías que llevan música, pero a veces el sentido común es el menos común de los sentidos. Si de verdad quisiéramos a nuestros hermanos de otras cofradías no permitiríamos eso bajo ningún concepto, porque no hablamos de retrasos producidos por problemas técnicos, que esos son asumibles y los comprendería cualquiera, sino por motivos injustificados.
Como no es de recibo la actitud de más de un “cofrade” durante la Semana Santa, viéndose por las calles de Jerez muchas situaciones que invitan a cualquier cosa menos al recogimiento y al acercarse a Dios. Señores, el año tiene 365 días, y el día que sale tu cofradía es para disfrutarlo de cabo a rabo, aprovechando cada instante para intentar estar más cerca de Dios, para pedir perdón, para dar gracias y no para tomarse una copa con la medalla puesta, máxime cuando tienes cargo de responsabilidad en la Hermandad o eres su capataz.
Hay mucho que reflexionar tras esta Semana Santa en la que hay veces que no se saca el pecho tras lo hecho porque nos es más fácil echar balones fuera y culpar al de enfrente de cosas que son nuestras. Todos hemos hecho algo mal estos días que hay que vivir con fervor y piedad, mirémonos dentro para que el año que viene podamos mejorar en los aspectos que hayamos fallado. La autocrítica siempre nos ayudará a mejorar, la benevolencia con las malas actitudes nos hará mediocres. Ustedes dirán, ¿sacamos pecho o no?

 

Foto: Adrián Selma

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