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Alejandro Ivison Castaño.- Suelo ser muy crítico con un tema al que continuamente suelo darle vueltas, y es al hecho de que los cofrades solemos ser propensos a tirarnos siempre tierra encima, a arrojarnos piedras sobre nuestro propio tejado. Algunos normalmente suelen arremeter contra otras hermandades, pero otros, en ocasiones, son capaces hasta de hacerlo sobre su propia hermandad.
Mucho de este daño que solemos “autoinflingirnos” los cofrades, viene normalmente acompañado de imágenes que corroboran aquello que queremos contar, e intentamos darle la máxima difusión posible, haciendo así más daño incluso del que a veces se pretende.
Y es que, desde la tremenda irrupción que tuvieron las nuevas tecnologías en nuestra vida diaria, allá donde vamos sacamos el teléfono móvil, la tablet, la cámara de fotos, o cualquier aparato electrónico capaz de hacer una fotografía o de grabar un vídeo y allá que vamos a capturar la esencia de los que consideramos que son los mejores momentos. Esta tecnología, que nos permite compartir con los demás esos momentos que consideramos han sido únicos, puede volverse también en contra de quien es fotografiado o grabado en cualquier momento, si por cualquier circunstancia las cosas no salen como se preveían.
Y le doy vueltas a esto,a raíz de lo acontecido en Jerez en nuestra última feria, teniendo por desgracia como protagonista a una de nuestras Hermandades, debido a la pelea que tuvo lugar en su caseta. Está muy bien que algunos se dediquen a grabar estos  lamentables acontecimientos si lo que perseguimos es que se esclarezcan las causas de una pelea, o para intentar buscar los responsables de esta.
Pero una vez más, y sin saber muy bien cual fue el propósito, pudimos ver como esos vídeos corrieron como la pólvora por las distintas redes sociales, llegando incluso a emitirse en algunas de las principales cadenas de televisión nacionales, con el daño que eso acarrea a la imagen de nuestra ciudad, y a una de sus fiestas más importantes y más conocida, nuestra feria.
Debería relajarme pensar que lo de arrojarnos piedras sobre nuestro propio tejado no es exclusivo de los cofrades, pero sin embargo me preocupa más pensar que los jerezanos tendemos a acabar con nuestras tradiciones y fiestas más preciadas porque no somos conscientes de valorar lo que tenemos.

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