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Juan Antonio Vidal Dorado.- Con ansias esperaba este tercer fin de semana de la Santa Cuaresma, porque sin duda, para mí, es un punto de inflexión personal y un punto de no retorno en cuanto a la Semana Santa se refiere. Estos días ha bajado para estar con sus hijos la Santísima Virgen de la Estrella, y yo, los vivo con intensidad y los disfruto cuando veo como mi corazón comienza a henchirse y llenarse de Ella. Es difícil explicar negro sobre blanco lo que puede vivir un enamorado de la Virgen en estos días que la tenemos tan cerca, en tantos momentos con Ella, en tantas miradas furtivas, en tantos suspiros que se escapan porque ven que Tú suspiras, en las lágrimas que corren por tantas y tantas mejillas y que bajan incesantes como la quinta lágrima tuya que casi llega a Tu boca que está exhalando amargura. Es difícil quedarme con un instante de estos días, en los que sin duda me llevo ser apóstol de alegría y traer hasta tu casa a tantas mujeres benditas que se postran a tus plantas, que lloran, cantan y piden, y sobre todo dan gracias, cuando debemos darla nosotros por recibir esa lección de fe sin fisuras en sus octogenarias vidas. Imposible no emocionarse cuando de una garganta agradecida una señora gritó “Viva la Virgen de la Estrella” y respondimos a una, “Viva, viva y viva” porque es Ella la Estrella que gobierna nuestras vidas y la luz que nos alumbra en las sombras más oscuras, la que no nos abandona cuando el mundo nos desprecia, a la que nos aferramos cuando la enfermedad nos derrota, a la que suplicamos tantas y tantas cosas y sabemos que nos ayuda a cargar con nuestras cruces. Pero son tantos momentos que no se con cual quedarme, si con ser apóstol de la Cruz de unas ancianas, o con una oración en la noche con mis hermanos en la que cada uno pedimos eso que tanto anhelamos y después llevará Ella el Domingo bajo su manto. No sé si quedarme con las gracias alcanzadas y los sueños encontrados, o seguir pidiendo tanto por el que Tú y yo sabemos para que lo cubras siempre y Tú seas siempre su amparo. O con el beso de Carla depositado en tus manos, porque a sus dos añitos que aún no se han estrenado, ella ya sabe que eres su Dueña y serás siempre su faro. Porque a veces con mil problemas, con ganas de pasar de largo, cuando te negamos mil veces como Pedro antes que cante el gallo, es pasar por la Porvera y no poder reprimir ese imán que nos lleva hasta tus plantas, a Ti, y a veces lloramos por dentro, otras hasta por fuera, por las cosas que nos pasan y que quizás, pasar no debieran, y al final, siempre estas Tú, y Cristo Rey a tu vera, para llenar corazones que llegan por la Porvera.
Y en este fin de semana todas estas vivencias, lo bueno y lo malo, el pecado y la vida eterna, el compartir con los míos sensaciones y sentimientos, el poder estar muy cerca de Ti, el oler tu perfume y deslumbrarme con el fulgor de tu mirada. Junto a ti tantas cosas, mis amigos, mi familia, mis desvelos y alegrías, y cuando las fuerzas me dicen que no pueden con el peso de la Cruz, me dices Estrella mía, mira a tu lado, que allí tienes el cirineo que te mandé para ti, porque estas tan dentro de mí que me diste el mejor regalo que nunca pude tener, ella va tras la Cruz, yo siempre siempre contigo, pero las dos almas se unen para agradecerte que nos pusieras en tu camino. Por eso Virgen de la Estrella, me rompo cuando te hablo, me quiebro cuando te escribo, y a veces, no puedo aguantarte la mirada, porque me conoces por dentro como nadie se imagina y sabes que dentro solo tengo para ti una palabra, GRACIAS, si con mayúsculas, porque me lo has dado todo y aquí hoy lo proclamo.
Y cuando la oscuridad se apodera de mi alma, la desgana me humilla y las fuerzas me faltan solo te digo una cosa a ti Madre Santa y buena, que en tus manos estoy, hágase en mí según tú palabra, hágase en mí lo que tú quieras, Estrella.

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