“Venid y vamos todos con flores a porfía,
con flores a María, que madre nuestra es.”

Recuerdo ser un niño y cantar estas letras en la escolanía de la Hermandad de las Tres Caídas cada mes de mayo en ese día en el que la Santísima Virgen de los Dolores, bajaba de su altar para que niños y mayores pusiéramos a sus plantas ramos de flores con todo nuestro amor. Recuerdo como aprendí aquella melodía y como aún a día de hoy muchas veces se repiten en mi cabeza.

No soy de comprar o regalar flores, la verdad sea dicha, pero tampoco soy de quitarlas, y es de esto de lo que quiero hablar en este artículo.

En este pasado mes de Octubre dos de mis hermandades han tenido sendas Salida Procesionales, aunque una de ellas tuvo que ser cancelada por las inclemencias meteorológicas, y estas son mis vivencias al respecto:

En el primero de los casos, el paso de palio de mi hermandad fue “asaltado” durante su recorrido. Cuando digo “asaltado” me refiero a que cuando el paso llevaba apenas media hora en la calle, hubo personas que se dedicaron a quitarle flores al mismo. Entiendo que si al paso se le cae una flor, la recogas del suelo y te quedes con ella, como ese giño, ese pequeño regalo que la Santísima Virgen ha tenido contigo, pero… ¿quitárselas cuando aún le quedan horas junto a la Madre de Dios? No logro comprenderlo. Igual que no termino de entender aquello de quitarle las flores una vez las imágenes están de nuevo en el interior de la Iglesia, o aún peor, como me paso en el segundo de los casos, quitarle las flores sin que la imagen haya podido realizar su Salida Procesional y las puertas del templo se van a quedar abiertas para que vengan a visitarla las personas que así lo deseen. ¿Tan difícil es dejarle las flores a sus legítimos dueños? ¿Tanto cuesta llevarles flores a nuestros titulares en lugar de quitárselas?

Sé que a todos nos gusta oler en casa esa rosa que llevó el Prendimiento a sus pies, o ese nardo que portaron las andas de nuestra Patrona, pero estas flores están para acompañarles a Ellos, para perfumar su estancia, para marchitarse a las plantas de nuestros titulares…

No sé si mis palabras servirán de mucho, o más bien de nada, pero espero que hagamos un poco de análisis de conciencia y la próxima vez nos pensemos dos veces el retirarle una flor a nuestro Señor o nuestra Virgen.

 

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