Alejandro Ivison Castaño.-Hay momentos en la vida en que todos nos preguntamos sobre la presencia o la existencia de Dios. Sabemos que lo podemos encontrar en el Sagrario o podemos encontrarlo en cualquiera de las imágenes de nuestras Hermandades, pero a veces eso no nos basta. Y cuando la vida nos pone ante situaciones difíciles solemos dudar de la existencia de Dios, o simplemente nos preguntamos que donde está, y porqué no somos capaces de sentirlo a nuestro lado.

Esto se demuestra en hechos como los ocurridos el pasado viernes en la ciudad de París -aunque podría haber sido en cualquier otra-, donde una vez más, vivimos uno de esos momentos que nunca llegaremos a comprender: unas personas que dicen actuar “en nombre de Dios” mataban y herían a cientos de personas inocentes.
Es en éstos momentos cuando muchas personas se plantean la existencia de Dios, o más bien su no existencia. Se preguntan cómo puede permitir Dios estas cosas o donde esta Dios en estos momentos.
Pues en esos momentos´, aunque nos cueste verlo o comprenderlo, también esta Dios, porque Él siempre está a nuestro lado, aunque nuestro dolor, nuestra rabia, nuestra impotencia ante estos hechos no nos dejen verlo con claridad.

Personalmente, creo que Dios está en todas aquellas personas que se volcaron con los heridos que dejaron estos ataques, en todos aquellos que soportaron grandes colas para donar sangre para aquellos que la necesitaban, en aquellos taxistas que se ofrecieron para llevar a casa a aquellos que, asustados y desorientados deambulaban por París, en los que acogieron en sus casas a tantas personas con miedo a seguir en la calle, en la policia francesa, en el personal sanitario que atendió a las víctimas, y en todos aquellos que colaboraron. Incluso diría que estaba en todas aquellas personas que entre sorprendidas y asustadas, abandonaban el Stade de France en Saint-Denis, cantando al unísono La Marsellesa, como señal de unión del pueblo francés ante estos atentados.

Y lo mismo ocurre en nuestra vida diaria. Dios está en las personas que nos rodean, en las que nos apoyan, las que nos ayudan, y en las que se preocupan por los demás.

En todas esas personas podemos ver a Dios. Dios está siempre con nosotros, hasta en esos momentos difíciles en los que no encontramos una explicación y podemos llegar a dudar de Él. Estoy convencido de que podemos ver a Dios cada día, aunque la mayoría de las veces, no somos capaces de reconocerlo.

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