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Redes sociales, grupos de whats app, conversaciones en casetas de feria y otros medios más han sido canales de una valoración no siempre razonada de las cuadrillas que mejor han realizado su trabajo en la pasada Semana Santa. Parece que cada año es mas importante destacar un simple resultado, a veces incluso con graciosas comparaciones futbolísticas, en detrimento de reforzar la esencia que escondida queda tras ese resultado final….
Mientras no se pierda el sentido, puede resultar graciosa esa comparativa de la costalería con cualquier tipo de competición, aunque cierto es que la competición no une, separa, y el trabajo de los capataces y costaleros siempre debe unirnos.
Recuerdo en ciertas reuniones de mi adolescencia como algunos discutían  ferozmente entre sí por no llegar a un acuerdo sobre que paso era el que mejor andaba, reviraba o levantaba. Discusiones incomprendidas por mi, pues siempre pensé que como todo en la vida, es más importante el hecho de mejorarse a sí mismo que la obsesión eterna de mejorar a otro.
La pregunta que me hago es si una cuadrilla que no es considerada la mejor ha perdido algo… Tengo claro que no es así. El costalero siempre resulta victorioso, es una persona que sólo con la voluntad de hacer bien su trabajo genera de la manera mas humilde el milagro en las calles, entregándose por entero al Señor y a la Virgen a través de la obediencia a los mandos de su capataz.
Si hablamos de la mejor cuadrilla, esta es la formada por todas, pues todas la cuadrillas están compuestas por personas que sacan el tiempo que no tienen para sacar su cofradía, hombres que se preparan todo el año con la intención de cumplir el deber encomendado por su capataz, personas que fueron elegidas por Dios con ese matiz único de portar a Cristo y a su Madre para invitar al rezo a base de trabajo, compañerismo y generosidad.
Todos los costaleros alcanzan la victoria, todos son vencedores, mas allá de discusiones y competiciones que no dejan de ser situaciones subjetivas, pues no hay regla que juzgue al trabajo costalero de manera arbitraria.
La victoria de la cuadrilla de costaleros comienza incluso antes de que sus miembros comiencen a fajarse, a ceñir sus costales y hacerse un solo cuerpo con la trabajadera, la victoria del costalero comienza en el mismo momento en el que decide serlo, pues es mucho lo que gana con ello, a partir de ahí, todo esfuerzo y sacrificio se suma a la victoria, ya que el trabajo costalero es tan serio, tan digno y tan importante para la Semana Santa que a todos los costaleros los hace  vencedores.

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