Manuel Jesús Elena Hernández.- Una década María, diez años llenos de ilusión y responsabilidad son los que si Dios así lo quiere, viviré junto a Ti la jornada crismal de la próxima Semana Santa. Una década llena de tu celestial gracia y en la que te he ofrecido mi trabajo, mi esfuerzo y mi constante aprendizaje, para llevar a cabo la difícil tarea de llevarte por las calles caminando paso a paso como solo las reinas saben hacerlo.

Recuerdo como si de ayer se tratase el nombramiento que la hermandad de la Defensión hacia sobre mi persona para hacerme responsable de la cuadrilla de costaleros de su paso de palio. Fue sin duda la aceptación de un difícil proyecto, en la que la valentía juvenil, el convencimiento sobre mis ideas y por supuesto el apoyo de todos lo que me rodeaban, hicieron que los resultados se fueran dando según lo previsto y planificado, paso a paso, con la única intención de dejar el nombre de la Virgen lo más alto posible.

Acepte el cargo con una responsabilidad enorme, mis duras experiencias bajo las trabajaderas me hacían saber que la labor de trabajar un paso no era un juego de niños. Me revestí de hombría, aprendí de todo y de todos, y poco a poco me dispuse a mandar tus pasos, esos pasos que en tu caminar tanto me han dado a mi y a mis amigos, haciéndote ver de la manera más bonita en la que se te puede contemplar por las calles de nuestra ciudad.

En mi memoria recuerdo tu caminar en situaciones llenas de Dios, te recuerdo caminando por calle Gaitan siendo Tú la única estrella capaz de iluminar la triste oscuridad, puedo recordarte por calle Paul siendo alegría plena entre niños que te cantan y te alaban, y te recuerdo más Reina que nunca, “mecía tras mecía”, en una plaza del Arenal esclava del silencio humano a los sones de Amarguras, un silencio que solo Tú y un trabajo costalero pueden causar.

Recuerdo que durante estos años se dieron situaciones duras y complejas en las que mis costaleros lo dieron todo por Ti, con honor y sacrificio, llevándote de la mejor manera que pueda existir, dando ejemplo de hombres buenos bajo los pasos, costaleros ejemplares, personas llenas de bondad y oficio que en mi camino pusiste para ayudarme a cumplir con la labor que me encomendaban.

El tiempo pasa y las vivencias van aumentando dentro de ese ciclo en el que el capataz cita a su gente, ofrece sus enseñazas y ordena sus exigencias para cumplir su tarea, haciendo así rezar por las calles cuando llega el día esperado de la salida procesional. El tiempo pasa y tu caminar veremos de nuevo, llenos de la ilusión que seguimos manteniendo a pesar de los años, ilusión que sigue creciendo al imaginar tu camino, tu bonita forma de andar y crear silencio en todo aquel que por tu recorrido te ve pasar.

El próximo Martes Santo, cumpliremos una década en tu camino, en tu caminar María, entregándonos a Ti con nuestro trabajo costalero, dispuestos a seguir contigo un año más, ilusionados con ser una vez más parte de Ti, ilusionados con volver a ser María, tu caminar.

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