Adrián Zurera de la Peña.- Se acaba el mes del Rosario. El mes de las extraordinarias en la Hermandad del Amor y de la Coronación. El mes en el que un colegio reza a la Madre, a la Virgen, a María. Ahora se abre esa puerta, la cual invita a la visita de cada uno de los templos jerezanos para ver a la Virgen vestida de luto, de negro.
Es noviembre, es el mes en el que sus primeros días nos recuerdan a todos los amigos y familiares que gozan de la Gloria de Dios. Por tanto, este fin de semana pasado ha sido extraordinario, pero cada vez para menos personas, ya que pocos son los que han ido al cementerio a limpiar las tumbas y entregarles flores a sus difuntos. ¿Puede ser por el auge de la incineración?, o tal vez ¿por el desarraigo en nuestra cultura de estas prácticas?. Sea por lo que sea, nuestras raíces, nuestras tradiciones, se están perdiendo. En estos dos primeros días del mes se compraban frutos secos, se comían los famosos huesos de santos y los to´santos. Además de replicar durante toda la mañana las campanas de las iglesias.
Por otra parte, la chavalería, ya adolescente, acompañaba a sus padres y abuelos al cementerio para adecentar y mantener el lugar de reposo de sus difuntos. Ahora -y desde no hace mucho más de diez años- los jóvenes ya no mantienen esa tradición ¿culpa de las redes sociales?, ¿de internet? ¿o de sus mayores?. Siempre afirmo lo mismo, los niños son el vivo reflejo de sus mayores, en concreto de sus padres, pero lo único que sé, es la falta de interés de su parte por mantener y conocer las tradiciones, aquellas que marcan nuestra manera de ser, por lo tanto, de entender la realidad.
No soy partidario de defender la única visita, por no decir recuerdo, que estos días se ha tenido a nuestros difuntos, ya que se merecen un eterno recuerdo y no solo dos días al año. Tampoco es mi intención hacer creer o decir a alguien lo que debe o no hacer, pero si expresar mi opinión al respecto de una adquisición cultural, donde la mayoría de sus adeptos o participantes no conocen sus orígenes ni su historia.
Sí, hablo de Halloween, o de All Hallows’ Eve, fiesta de origen celta y cristiana. Ahora, como si de una moda se tratase, todos van a pedir caramelos y tirar petardos en contenedores. Práctica “inofensiva y divertida” en las cuales algunos adultos participan, pero no en la trasmisión de nuestra cultura, donde rendir homenaje a nuestros difuntos no es cosa de niños, pero sí tirar huevos a la puerta de los demás.

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