No recuerdo cuánto hace, pero camino de Sanlúcar un buen amigo íbamos comentando entre muchos temas, la evolución de muchas hermandades cuando se ponen en la calle a la hora de realizar su estación de penitencia.

Es cierto que desgraciadamente hay muchas cosas que mejorar, como la del comportamiento de los nazarenos en el cortejo, y otras que suprimir, como la poca preocupación que tienen muchas hermandades en sus paveras, metiendo en el cortejo a nazarenos de tan corta edad que el cirio y el esparto “les vienen grande” tanto a su altura o a sus pocos años.

También es cierto que tenemos poca educación a la hora de vestir una túnica de nazarenos.

Convocatorias de igualás de costaleros hasta la puerta  de la Casa Hermandad o de la Iglesia donde se realiza, gente que ya con su corta edad sueñan con ser costaleros de María Santísima o de Nuestro Santísimo Señor Jesucristo –  sea de la advocación que sea – van a Sevilla, a El Puerto de Santa María, Sanlúcar de Barrameda o a otras localidades de la baja Andalucía.

Para mi el oficio costalero –  ser los pies del evangelio hecho mader  o ser el responsable de acercar las benditas imágenes a las personas – hacen que por esas y muchas más cuestiones sea uno de los más bonitos oficios realizados en nuestra Semana Santa.

Pero ¿Sabemos que hay vida más allá de las trabajaderas?  Y que además de arpillera y muselina ¿conocemos la existencia de telas como el raso, el merino, el terciopelo o el ruán? estas últimas no aconsejable para hacerse un costal pero sí para la túnica de nazareno de su Hermandad.

Nos quejamos de que la calle ha sido mala, de que la chicotá ha sido interminable, pero el nazareno bajo su anonimato no es capaz – en la mayoría de los casos – ni siquiera de pedir agua o de quejarse por haberse clavado por enésima vez las pipas que nos comemos viendo su cofradía pasar.

¿Seremos de capaces de darnos cuenda algún día que podríamos ser partícipes, con gran utilidad, en nuestra propia Hermandad echando un cable en la dirección de cofradía?

Recuerdo mi primera vez como nazareno en mi Hermandad,  sufrida por la madrugá y por la responsabilidad de ser Diputado de Cruz de Guía, pero también pienso en la vez que me vestí de nazareno con la túnica de la Hermandad de las Tres Caídas y disfruté de encontrarme conmigo mismo y de tener unas cuantas horas con Dios.

¿Y tú? ¿Eres capaz de vestir tu túnica?

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