“Hay (en) soluciones” por Adrián Zurera de la Peña

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Adrián Zurera de la Peña.- Cual campaña electoral, jornada de reflexión. Compréndase este símil desde la más y pura autocrítica, por ser ello lo correcto y propio de estos días. Ni síes, ni noes, sino ¿por qué?

Solo deseo escuchar un “perdón, lo siento” de la boca de quien sea y deba. Mientras afirmo dicha frase, oigo en mi cabeza las respuestas dadas por esos que deben darlas y no lo hacen, como puede ser “hay errores que enriquecen”, “es lo mejor se pudo hacer y lo hicimos”. El perdón en nuestra sociedad es tan raro… y el reconocer los errores, algo inexistente; por eso no busco un perdón –aunque nada mal vendría- solo busco que desde la más profunda autocrítica vayamos mejorando todo lo acontecido en esta interminable Semana Santa. Sí, interminable, ya que comenzó un jueves 17 de marzo y finalizó el domingo 27 del mismo mes. Es algo posible encontrarnos en los últimos años de tan larga extensión.
Siguiendo la comparativa con la que comencé y permítanme profundizar en él, ya que la democracia se basa en la autocrítica, siendo la misma constructiva y justificada si el individuo toma la importancia de su participación, sin tener presente el sentimiento de miedo a disentir de la opinión pública.
Trasladando dicha teoría a la práctica y en concreto a nuestro “maravilloso mundo”, y lo entrecomillo porque ni es maravilloso ni mundo, si creemos que este “mundo” es extraordinario, excelente, admirable –definición de maravilloso según la Real Academia Española- caeremos en eso tan repetido y que parece ser difícil de erradicar. Enumero:
– Conocer la identidad del nazareno -de avanzada edad- por su antifaz levantado, viéndose el rostro del susodicho.
– Pasos (por desgracia, esos que definen o mejor dicho, representan la Semana Santa y fe andaluza, los palios) que arrastran, según nuestro vocablo.
– Botellón producido en las calles y plazas aledañas, en las cuales transitan las corporaciones penitenciales de nuestra ciudad.
Así podría seguir por mucho tiempo y enumerar una larga lista parecida a la ya publicada en nuestro portal. Mi afán no es elaborar una lista ni mejorar la ya citada. Tiene otra finalidad mi artículo, ir más allá o continuar y realizar el siguiente proceso; buscar el por qué, la razón de los fallos, de esos errores, los cuales manchan nuestras procesiones, y como no, mantener aquellos acierto y que sean así, reflejo para las demás cofradías.
Desconozco multitudes de aspectos, pero lo que sí sé es que en mi alma está lloviendo. Lloviendo por ver como se hacen las cosas en mis hermandades y en las demás. Aunque caiga en la reiteración, quiero recalcar mi finalidad, la cual no es buscar responsables ni motivos, solo el trabajo constante para corregir los fallos cometidos.
Todavía, se puede oler a incienso y escuchar marchas por las estrechas calles del centro, por lo cual, tomemos algo de distancia, dejemos pasar un poco más los días -pero no en exceso-, para no olvidar así los acontecimientos y esas horas de Estación de Penitencia, ni tampoco las aplicadas para el montaje y actos internos durante todo un año. Seamos profesionales, basémonos en el ideal de democracia, replanteemos nuestras acciones, luchemos por nuestras corporaciones y modifiquemos esos errores. ¡Qué no de miedo presentar una moción de censura, dimitir, contratar a otra banda, nombrar a otros capataces! Todo sea por el bien de nuestra hermandad y sus hermanos.

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