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Adrián Zurera de la Peña.- Fin de semana, protagonizado por los más jóvenes de las hermandades, cargado de ilusión, fe y religiosidad popular. Aquellos jóvenes costaleros, encendedores, monaguillos y todas las ocupaciones dentro de un cortejo son de gran importancia en estas procesiones debido a su carácter formador para un futuro cercano.

Para ello, es necesario la ayuda de un grupo de expertos, en concreto la Junta de Gobierno, la cual debe de tener unos conocimientos y experiencia previa para facilitar a los jóvenes la preparación y trascurso de la misma. Sería muy triste el requerimiento de un grupo de personas ajena a la Hermandad o a la Junta, ya que ponemos en tela de juicio la ilusión de ese grupo de pequeños cofrades.

Si no se cuida la juventud, la cual es el inminente futuro de nuestras corporaciones, se producirá una decadencia en las mismas produciéndose un colapso en la evolución de nuestras Hermandades.

Esas corporaciones que no mimen a los más pequeños están sentenciadas a la autodestrucción, por lo cual no se procederá a poner en prácticas esos valores cristianos que hoy están desapareciendo por las mismas personas consagradas y laicos.

A pesar de una mala gestión, la alegría, felicidad, ilusión y fe de la juventud cofrade es invulnerable a todo mal de aquellos mayores que quieran destruirlas.

 

Fotografía: Lucas Álvarez

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