“Había una vez una casa en la cual vivía una familia formada por una madre generosa, un estricto padre y dos niños pequeños, los mellizos Fulanito y Menganito. Ocurría en este hogar que la gentil madre cuidaba y mimaba a sus dos hijos por igual, sin hacer distinción ninguna y valorando a sus dos hijos en igualdad de condiciones, asumiendo las diferencias propias de los pequeños. Sin embargo, el egoísta padre mimaba en exceso a Menganito, en contra del pobre Fulanito que hiciera lo que hiciese acababa recibiendo una buena reprimenda de su progenitor.

Esta situación provocaba grandes discusiones entre la pareja, ya que veían la educación de sus hijos con dos prismas totalmente opuestos el uno del otro. Las constantes disputas no tardaron en llegar a cansar a la abatida madre, que progresivamente fue tirando la toalla y dándole la razón a su marido con tal de no reñir más veces. Por tanto, poco a poco, la única razón que imperaba en aquella casa era la del padre.

Sucedió entonces, que todo lo que hiciese, hablase o dijese el pobre de Fulanito estaba mal visto en aquella morada. Rara vez se celebraban sus alegrías y muchas veces se le afrentaba por sus errores. Cada fallo de Fulanito eran semanas de llanto y angustias, e incluso una victoria era motivo de tristeza ante la mirada acusatoria de su padre.

Sin embargo, para su hermano Menganito todo eran flores y alabanzas, por muy torpe que fuera su acierto y además, si el asunto en cuestión había errado, pronto era solucionado y tapado.

Ante esta situación, Fulanito se enfrentó a dos opciones: o tirar la toalla y no volver a intentar nada en la vida o hacerse de piedra, de un material impermeable y dejar que nada ni nadie le afectase. Y eligió esta última, y protegiéndose bajo una coraza de indiferencia decidió seguir adelante, cobijando su maltrecha autoestima bajo una capa de indiferencia, autodeterminación y ganas de seguir luchando. Fulanito siguió viviendo por mucho tiempo en el hogar familiar, pero ya no volvió a derramar ni una lágrima, Fulanito había decidido ser feliz sin importar lo que dijera nada ni nadie.”

¿Les suena esta historia? A mí sí. Ahora cada cual que la entienda como quiera…

 

P.D.: La foto de portada solo es una foto bonita, no tiene nada que ver con la historia.

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