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La noche, esa parte del día que durante gran parte de nuestra vida nos han inculcado en tenerle miedo, por eso de la oscuridad y lo que ello conlleva, es una parte importante en la vida de los cristianos, y más en la baja Andalucía en la que nos encontramos. La noche suele ser mágica, sobre todo ciertas noches del año, porque ella te da más intimidad, más recogimiento, más cercanía y, sobre todo, porque cuando rompe el alba se ve como la Luz siempre vence a las Tinieblas. Tenemos noches impresionantes a lo largo del año como la noche de Nochebuena en la que Dios nace de la Virgen María para la redención de los hombres, la noche de Reyes en los que los pequeños esperan con ilusión la llegada de los Magos, la Madrugada del Viernes Santo que en Jerez se llama Noche de Jesús, donde el pueblo acompaña al Señor en la noche previa a su Pasión y la noche Santa de la Resurrección, la que da sentido a todas las fiestas cristianas porque es la fiesta por antonomasia. Tenemos la Salve de media noche en el Carmen en el que el pueblo felicita a su Madre, y las alfombras y la misa de la descensión a la Patrona para empezar su día con Ella.
Estas noches son de dormir muy poco porque tu cuerpo está alerta, porque está acompañando al Señor o a la espera de Él. Son noches intensas en las que el sueño no puede vencerte como a los discípulos en el monte de los olivos, en las que el Señor se ve acompañado y en las que ganamos momentos espirituales muy especiales. La Noche de Jesús, noche en la que el Señor está preso a la espera de su Pasión, es un momento de acercarse al Padre, de rezar el Vía+Crucis, de intimidad con Él y con el aurea especial que da la noche, de sentimientos y de tradiciones ancestrales, de la Virgen y de mil plegarias.
Y en unos días estaremos ante otra noche especial, la noche de Pentecostés, cuando en la aldea de las Rocinas saldrá en procesión la sagrada imagen de la Virgen del Rocío. Y una vez más vuelve la noche, y aparece el día, porque en la noche es la magia y en la mañana el cansancio, porque en la noche hay intimidad y en la mañana multitud, porque en la noche la calma y la quietud y en la mañana la euforia aunque se vaya acabando la procesión. En la noche la veremos por la marisma, llegar a Huevar, a la Puebla, pasar con gloria por Sanlúcar y por Triana, y ya de mañana, cuando la marisma se ilumina llegará a las camaristas y a Gines, y a Jerez, hasta que ya bien entrado el medio día se pose en su nido que es la ermita. Y volveremos a pasar una noche en vela, una noche especial, porque las noches en las que se está con Dios y para Dios siempre son únicas. Y el sueño no podrá con los discípulos, aunque volvamos a estar entre olivos, o acebuches, y volveremos a ver una cara con la oscuridad y otra cuando despunta la mañana allá por el Real, y el rocío de la noche y el calor de la mañana, probablemente a la Virgen con capote si el agua así lo quiere, pero al final todo será como siempre. Una noche, la noche, esa que tan íntimamente está ligada con las cosas grandes de Dios, esas que a veces son más claras que la mañana más luminosa, esas que son mágicas por sus momentos y únicas por sus vivencias. Vive las noches de Dios, vívelas con intensidad, así cuando rompa la mañana estarás cansado pero también lleno del Espíritu Santo, y de la Virgen, porque no hay noche en la que Ella no te arrope, ¿la vamos a abandonar cuando Ella sale?

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