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José Ángel Ferrer García.- La cera del puchero se una con la pura de abeja, el acero inoxidable de la plancha se une con la del raso de la túnica de nazareno o con la muselina del costal. Las casas de hermandades comienzan a ordenar el desorden provocado por las labores de la mayordomía, las mujeres de la hermandad terminan de planchar las ropas de los acólitos, se compran los últimos botes de limpia plata para que todo esté reluciente.

Parece que la cuaresma comenzó el pasado miércoles, y ya casi han pasado cuarenta días. Comenzamos con los altares de cultos, seguidos de los vía crucis, de besamanos y besapies.

Los nervios comienzan a aflorar desde que el lunes pudimos observar los primeros partes meteorológicos; a todos nos sale esa vena de Maldonado por unos días, sabemos más que ningún otra persona qué es el anticiclón de las azores y cómo se forman las borrascas atlánticas que provienen desde el norte de España. Consultamos portales meteorológicos como windguru, aemet, accuwheather o el tiempo.es, y ¿cuál es el que más nos fiamos? Del que pone que el día que sale nuestra Hermandad que no llueve.

Como en el argot taurino, los apoderados ya vieron por la mañana los astados que van a torear esta tarde, la plaza está llena, y el albero recién regado para no levantar polvo. Cada torero lo pisa de una manera diferente y tiene sus ritos ante de afrontar la faena.

Vivamos los pocos momentos que nos quedan de vísperas y los momentos que brindemos con nuestros hermanos en la casa de Hermandad o en el bar que se encuentra más cerca.

Siendo preciso y no queriendo alargar mucho más esta entrada, me gustaría disfrutarais de una estupenda Semana Santa a todos y aquellos que hacéis que sea posible.

Que los nazarenos aprovechéis ese momento de soledad y comunicación permanente con Dios. Vestir una túnica no es disfrazarse como lo hacen algunos en carnavales, es mucho más.

Cuando, vosotros costaleros, realicéis vuestra función, ser los pies de la devoción de tantas y tantas personas y de ser los portadores de la palabra de dios en la tierra andaluza, no olvidéis que solamente sois instrumentos y no sois más que la santísima imagen que portáis, educación y respeto debajo y fuera.

Sin más, un servidor se marcha reiterando los mejores de los deseos para todos vosotros.

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