La rapidez con la que pasan las horas cuando se está disfrutando se une la inmediatez de todos los momentos que queremos vivir. El Miércoles Santo es el inicio del final, donde todo irá unido hasta acabar el Viernes Santo. Solo deben de disfrutar. Disfrutar con la Hermandad del Soberano Poder en su barrio, el de la Granja donde todo el mundo se vuelva con la cofradía que con un esfuerzo titánico busca el centro. Casi de la mano, la Hermandad del Consuelo llegará con aires del Pelirón, donde lo nuevo se hace romántico y la mirada de la Virgen del Consuelo se tiñe de Amparo bajo las lágrimas de un nazareno que camina de manera cadenciosa. Si en la tarde del Martes Santo, San Mateo se viste de algarabía y bulla con la Hermandad del Desconsuelo, el día siguiente lo añejo y rancio de este barrio se hace mas patente junto a la Hermandad de Santa Marta. Las Tres Caídas nos volverá a recordar que la devoción de un pueblo no tiene límites y que además se refrenda cada día del año en un Santuario Diocesano donde cada rezo es una oración silente hacia el Señor Caído y su madre. Las Amarguras de la Virgen nunca tuvieron tal quebranto ¡que decirte Amargura, -como dijo el pregonero- ¿que no se ha dicho ya de la Amargura?. Las duquelas buscarán el final del Miércoles Santo junto a Santiago donde se parten todos los esquemas en busca de las manos amarradas del Señor Prendío de Santiago y el fulgor de la Virgen del Desamparo.

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