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Adrián Zurera de la Peña.- Rumores han llegado a mis odios sobre la acumulación de procesiones en una misma jornada y de la existencia de unos artículos publicados en portales webs sevillanos. Al término, llegó la pregunta ¿no crees tú también que ha habido demasiadas procesiones de Gloria y aglutinadas en el mismo día? En efecto, hemos vivido en Jerez un final de mayo intenso y repleto de las mismas.

Esta cuestión, sea a quien sea dirigida siempre tendrá la misma respuesta. En la obra de Giovanni Sartori Homo videns: la sociedad teledirigida, se muestra la tergiversación que sufre una pregunta para oír la respuesta esperada, estas dependerán del modo en que se formule la pregunta. Todos sabemos de las innumerables procesiones de mayo y junio, nadie lo niega, muchos pasos, muchas bandas –pocas de Jerez- y a veces escaso público. ¿Nada nuevo, verdad? Mi cometido no es cuestionar, justificar o enjuiciar, para nada. Solo mostrar una posible respuesta, mi razón a este conflicto.

Sitúense. Año 2016, primera semana de Junio. “Está de moda” ser progresista, ateo, defender a ultranza la homosexualidad, poligamia y los derechos de los animales. A nada de lo anterior me niego, para nada. La sociedad evoluciona, nosotros debemos de hacer lo mismo.

El asunto que nos ocupa es el ateísmo, la crisis de fe y esa intolerancia hacia nosotros los creyentes, en concreto cristianos. Si retomamos el sentido originario y esencial de nuestras procesiones sería la de una protesta, una manifestación de fe. Tan sencillo como eso. En la sociedad actual, nuestros valores están siendo atacados, gracias al sistema democrático -aquel que avala las libertades del ser humano- podemos reclamar nuestros derechos y reafirmar nuestra fe ante aquellos odiosos que vierten ira sobre nosotros.

Como cofrades, ya no como cristianos, participamos en dichas procesiones siendo espectadores u observadores. Cada comunidad, hermandad o parroquia, puede y debe declarar en público la fe que procesan. Nosotros como cristianos, debemos de asistir a ellas, aunque no implica la asistencia obligada a todas las manifestaciones de fe, para decir bien alto que somos cristianos, tenemos compasión de la incultura de aquellos que intentan erradicar nuestra fe y procesiones, pero sobre todo, los buenos actos realizados por comunidades cristianas a la sociedad.

Las procesiones son una manifestación pública de fe -no me canso de repetirlo-, son libertad de expresión. Todo sea por evangelizar y acercar las imágenes a la ciudadanía. Todo sea por eso.

Esta puede ser una respuesta al cúmulo de procesiones en tan poco tiempo. Esta es mi respuesta.

 

Fotografía: Lucas Álvarez.

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