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José Antonio Román Holgado.- En primer lugar, agradecer al equipo de El Pertiguero y en especial a Alejandro, facilitarme un lugar en su web donde poder expresarme, y mostrar mi opinión sobre este mundo, que ocupada casi la totalidad de mi vida.

Hace ya bastante tiempo, alrededor de unos 4 años que no se me apetece mirar a mi réflex ni de reojo. Sensación incluso de cierto asco. Ella y yo nos respetamos, he tenido ocasiones de venderla, de ganar algunas perras, pero no, es mi cámara, aunque nuestra relación se encuentra en un total estancamiento.

Estancamiento provocado a día de hoy por ciertos alienígenas, seres luminosos (con flash como bandera izada), que aterrizan en este planeta el Miércoles de Ceniza y vuelven a su confuso lugar de origen poco después de Semana Santa, o incluso antes, no lo sé.

Son seres hostiles, carroñeros del hueco y el espacio y grandes visionarios de las horas donde más molestan. Cargados con trípode, cinco o seis bártulos más de gran importancia y tamaño, se recorren los 5 domingos de Cuaresma de nuestra tierra intentando fotografiar un instante tan quieto como mudo, tan mudo como quieto, sin importarles el sentido de ese instante, ni a quien pudiera molestar, ni incluso el lugar donde estaban accediendo.

Estos extraños seres están a punto de parecer, pero cuidado si eres devoto o miembro de Junta de gobierno, son peligrosos si intentas delimitar sus vanidosas libertades. Después el material con el que vuelven a su lugar de procedencia es complicado visualizar, porque, su marciana marca de agua suele alejarse muy poco del lugar de importancia de la fotografía. Pero advierto, tengan mucho cuidado, mucho, si a la hermandad se le ocurre aquello de “horario de fotógrafos”, que es cuando se vuelven auténticos depredadores.

Que empiece la Cuaresma, queridos terrícolas.

P.D. Este artículo no pretende herir la sensibilidad de nadie. Sólo pretende hacer ver que la Cuaresma es de todos, menos de mi cámara. Marte está muy lejos para ir y volver semanalmente

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