“Daos fraternalmente la paz”.

Adrián Zurera de la Peña.- 24 de diciembre de 1914. Noche fría y húmeda, demasiada. Soldados decoran las trincheras alemanas. Se produce un intercambio de cigarros, whisky y villancicos con el bando enemigo británico. Seguro que saben de lo que hablo…

Tuvieron el coraje y valentía de acercarse a las trincheras enemigas para que se produzca dicho intercambio, un intercambio ya no de presentes, sino de paz. Eso significó uno de los momentos más grandes e importante de la historia del ser humano y no esas huellas en la luna. Cuando el hombre le tiende la mano al hombre, cuando la paz es entregada al prójimo no hay nada más que apostillar. No hay nada más que añadir…

A ver quién tiende hoy la mano a su “enemigo”, le da pan al hambriento o acoge al que carece de techo. Ese espíritu navideño empapa nuestro ser, pero lo moja de capitalismo, regalos banales y mensajes por WhatsApp triviales.

Esos hombres, esos soldados fueron valientes y no por empuñar un fusil, ¡qué va! Sino por como ya he dicho, tender la mano y la paz al bando enemigo con el que compartía odio y arrojaban casquillos de balas al suelo con el mismo fin.

Para mí, uno de los momentos más entrañables y destacados de la historia, La tregua de Paz en Navidad. Ese periodo donde el ser humano, fue humano. Cualidad de la que carece a pesar de habérsela recordado en el pasado Año Jubilar de la Misericordia.

Ya nada ablanda nuestros corazones. Ya nada inunda nuestra mirada. Ya nada nos quebraja la voz. Solo la maldad inunda nuestros pensamientos y la Natividad de Señor, el Amor o la ya mencionada Misericordia son simples palabras de las cuales no aplicamos su significado.

Agarrémonos a la excusa del espíritu navideño o del Nacimiento de Jesús -o a nada-, pero seamos humanos por favor. Humanos…

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