Antonio García-Figueras Romero.- El pasado 13 de enero fue un día grande para esta hermandad y por ende para la ciudad de Jerez al contar nuevamente entre nosotros con la bendita Imagen del Santísimo Cristo de la Defensión. Han pasado nada más y nada menos que nueves meses desde aquel lejano Lunes de Pascua de Resurrección en el que el Cristo marchaba nuevamente a Sevilla para culminar con la segunda fase de la restauración. Nueve meses de ausencia sobrellevados con su imborrable recuerdo. Nueve meses imaginando su silueta y su cara entre estos muros capuchinos.

Quisiera abrir un breve pero sentido capítulo de agradecimientos, pues la restauración que hoy contemplamos ha sido posible gracias a la ayuda y a la colaboración de muchísimas personas anónimas. Ese anonimato que tan a gala llevamos el Martes Santo y que debe caracterizar las obras de los hermanos de la Defensión. Prescindir de dicho anonimato sería renunciar al espíritu que impregna los más profundo y esencial de nuestra hermandad.

En primer lugar quisiera agradecer a la Comunidad de Hermanos Menores Capuchinos la confianza depositada desde el primer momento en la hermandad para poder llevar a cabo el necesario y urgente proceso de restauración. Decisiones importantes como esta requieren altura de mente y actitudes valientes. Gracias una vez más al Guardián por su comprensión y por su apoyo incondicional. Sin su concurso nada de esto podría haberse llevado a cabo, por lo que él es corresponsable de la maravilla y de la belleza del que nuevamente preside el convento de capuchinos.

Gracias también a los cientos de hermanos y devotos que con sus donativos han hecho posible que la sanación del Cristo pudiera llevarse a cabo. No puedo por menos que calificar de ejemplar la respuesta de los hermanos en las ocasiones en las que se les ha demandado ayuda económica para poder afrontar con seguridad y garantía este proceso. Ha sido sin lugar a dudas una gratificante lección de humanidad.

Mi agradecimiento como no podía ser de otra manera, a los miembros de la anterior junta de gobierno por su implicación y por su esfuerzo. Gracias igualmente a los medios de comunicación por la sensibilidad con la que siempre han tratado la restauración del Cristo, mostrando la mejor predisposición para difundir la información sobre su evolución.

Por último, mostrar mi público agradecimiento también al restaurador Pedro Manzano Beltrán por su profesionalidad y buen hacer, así como al ebanista autor de la cruz, Enrique Gonzálvez González.

Quisiera terminar con una breve reflexión. Todo en esta hermandad debe girar en torno al Cristo de la Defensión y a Su Madre, nuestra Señora de la O. Todos los hermanos, empezando por el hermano mayor, debemos asumir esta verdad absoluta. No cabe interpretación adicional o contraria. Nuestro Titulares son lo más importante. No existe nada más. Por ello quiero aprovechar este acto en el que recibimos al Cristo de la Defensión para que todos en la hermandad estemos en común unión y vivamos de forma intensa la cuaresma que se avecina.

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