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José Ángel Ferrer García.- Cuenta la historia, que no hace mucho encontraron dentro de una casa vacía, debido al fallecimiento de su propietario, un armario con la madera casi apolillada, una túnica de nazareno con restos de cera y con el antifaz arrugado en la zona de la boca. Ésta pasó tiempos mejores con su amigo, el que le prometió que hasta el último de sus días estaría junto a ella, porque sin duda sería tu mortaja.
Gracias a Dios y a María Santísima, en nuestra Semana Santa podemos observar túnicas parecidas a la que anteriormente mencioné llevado por ancianos con el espíritu joven y la misma devoción a sus titulares que desde su padre o el mismo llegó a la secretaría de la casa Hermandad correspondiente. Cuando sus hijas e hijos los ayudan a vestirse, repiten una vez y otra que será la ultima vez que se vistan, porque la artrosis se les han convertido en su gran enemiga, sus piernas ya no son las mismas que las hace veinte o treinta años antes cuando se montaba encima del paso de palio para montar la candelería y de un salto se bajaban sin problemas, sus manos arrugadas apenas tienen fuerza. Una vez que estos hombres ven al palio de la su Hermandad recoger, con su capirote en entre sus manos secándose las lágrimas con un pañuelo bordado que se lo regaló la que fue su novia décadas atrás y que ahora es la mujer de sus hijos, y la abuela de sus nietos, se les olvida el mal trago que pasó cruzando las malas calles por las que pasa su cofradía, por los parones y desgraciadamente por los achaques de la edad. Al sentarse a reponer un poco las fuerzas con sus familia, comienzan a restar mentalmente los días que restan para volver a ver su túnica bien planchada para que pueda volver a vestirla.

franco
Yo desde luego tengo la suerte de conocer a varios Hermanos de mi cofradía con edad avanzada que siguen saliendo con su túnica, que llegan a recoger las papeletas de sitio con sus nietos e hijos con una sonrisa de oreja a oreja.
En el sentido opuesto, vemos a jóvenes que con la misma ilusión que esos hermanos con número muy bajos que se inscriben a la hermandad por amigos, por influencias como “¡que bonito anda el paso de misterio!” y que simplemente su capacidad de sufrimiento ante la penitencia que tienen que llevar a cabo es meramente nula y una vez recogida la cofradía se olvidan de ella y les pide a sus padres que no vuelvan a pagar su cuota de hermanos porque salir de nazareno es muy cansado y con ellos eso no va.
Sus madres le confeccionaron sus túnica con todo su cariño, pero un año después, le cuelguen con solamente una puesta. Pobre de éstas que serán olvidadas. Posteriormente las madre por falta de espacio las doblan y las meten en una bolsa en el altillo o en el canapé de la cama de matrimonio para que no ocupe tanto espacio algo innecesario y que fue un capricho para su hijo.
Desde éstas letras invito a todos los hermanos que tengan túnica a vestirla, que sepan la importancia que tiene portar una túnica de nazareno.

ARTESACRO
También invito a aquellos que por el capricho decidieron no salir más y tienen esa túnica arrugada, la lleven a su hermandad, porque habrá posiblemente algún hermano deseoso de portar esa túnica y que por cuestiones económicas no pueda confeccionarse una.
Y como dice “Avanti con la Guaracha” Luego vienen las prisas y las túnicas están aún sin planchar. Estáis a tiempo señores de hacerle el ajuste a última hora y sobretodo de quitarle las arrugas.

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