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Esa maldita lluvia

ARTESACRO

 

Alejandro Fernández.- Cuando eran las cinco de la tarde y la mayoría de los cortejos avistaban los primeros metros en sus recorridos,  nadie esperaba como terminaría la jornada.

Las palmas revoloteaban alegres por San José como cada Domingo de Ramos agitadas por la leve brisa que emanaba la tarde y que jugueteaba con el ir y devenir de las cornetas y tambores roncos que acompañaban a Cristo Rey. Su madre -la Estrella que mas ilumina- resplandecía por si sola, con su dulzor fulminante que te deja prendado.

Desde la Ermita de Guía, un hermoso cortejo de nazarenos se adentraba en el corazón de la ciudad, sigilosamente casi sin avisar. Aumento de hermanos en el cortejo de una cofradía que crece año a año. Digno de mencionar.

En la Merced el poderío y la grandeza de una cofradía «potente» se hizo realidad frente a la mirada del Señor del Consuelo que nos regala como siempre a su madre, el bello rostro de Madre de Dios de las Misericordias.

La Coronación derrochó arte y categoría como solo saben hacer los cofrades de la Albarizuela. Destacar el buen hacer de los costaleros de la cofradía, elegantes siempre.

¿Qué decir de la Hermandad de las Angustias?  El contrapunto perfecto de una jornada que a buen seguro el año que viene seguirá creciendo con una cofradía mas.

Y la lluvia apareció. Parecía que no lo haría pero lo hizo. Sorprendió a grandes y pequeños, a cofrades y costaleros, hasta a los propios meteorólogos. Tras el parón de la Hermandad de Cristo Rey en la Catedral y posterior decisión de salir, el Perdón sufrió el mismo algo a lo que debemos sumar el desperfecto que se produjo en la candelería del palio por lo que tras iniciar su camino, regresó sobre sus pasos para refugiarse en la Catedral al momento que caía una fina llovizna que a la propia hermandad de la Estrella le pilló en José Luis Díez, lo que provocó cierto desasosiego en su transcurrir por las inmediaciones de la zona del Carmen. Y cuando todos creian que todo había pasado -el Transporte decidió quedarse en Catedral porque nadie se fiaba de la lluvia- ocurrió todo. La Hermandad del Perdón regresaba junto al reducto bajo de la Catedral y el palio de la Virgen de la Estrella se encontraba ya en las Mínimas a un ritmo mas relajado por aquello de estar en casa. Fue cuestión de segundos. Un terrible aguacero arreciaba fuertemente al cortejo del Perdón que aguantó estoicamente durante tres minutos que se hicieron eternos.

Pero como siempre, las cofradías se crecen en este tipo de situaciones para salir airosas. Tanto que a veces el mejor recuerdo no es que cayera lluvia. ¿O no?

 

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