Enero llega a sus últimos días y ya se han realizado en la ciudad muchas de las igualas convocadas por los capataces de las distintas cofradias para organizar las cuadrillas de cara a la próxima Semana Santa.

Estas igualas, que son realizadas en los templos, salones parroquiales, casas de hermandad y, por que no, en una plaza, reúnen a esa gente de abajo que desarrollara el oficio bajo las trabajaderas de los pasos que, cada vez mejor, se pasean por nuestras calles en los días santos.

Sin duda, el día de la iguala es una cita importante en el calendario de cualquier costalero, pues es una cita de encuentro con los compañeros que compartirán la vivencia del sentir la Semana Santa desde el sitio mas bonito que tiene una cofradía.

En la iguala, los costaleros llegan, se saludan y abrazan, se ponen al día sobre el momento actual de sus vidas, y tras la voz de mando de aquel que los dirige, se organizan a modo de cuadrilla para ver si se ha generado algún hueco que haya que cubrir para las próximas citas . Mientras tanto, en otra posición del lugar donde la iguala se desarrolla, se muestran aquellos que por vez primera o reiterada acuden a la cita con la intención de ser protagonistas de esos posibles huecos para hacerlos suyos, dándose así, ese termino tan actual  de aspirantes.

Los aspirantes, por motivos de índole diversa y siendo todos esos motivos validos, tienen el deseo de pertenecer a esa cuadrilla a la que piden sitio para poder portar a la imagen de Cristo o María en el día de su salida procesional, siendo en muchas ocasiones muchos de ellos los que no consiguen su objetivo y deben marchar con la nostalgia que provoca el hecho de que su nombre no ocupe ninguna de las celdas que posee el listero en sus tablas.

Debido a la buena salud de la que goza el mundo de las trabajaderas, cada vez son mas esas personas que aspiran a pertenecer a una cuadrilla, tal es así que no solo se presentan a la convocatoria de la iguala, sino que también lo hacen a los ensayos, ropa en mano, por si en esa cita se genera algún hueco, ya que quizás a día de hoy es mas sencillo acceder a la cuadrilla en cualquier cita de ensayo o retranqueo, y de esto sabe bastante el que escribe estas líneas.

De la misma manera, algunos aspirantes en los ensayos tendrán la dicha de lograr su sueño, mientras que otros, con el dolor humano que esto provoca al capataz, deberán marchar sin fortuna a su casa, pudiendo estar ubicada en un pueblo de los alrededores e incluso a veces en ciudades lejanas como Huelva, Ciudad Real o incluso Valencia, lo que me hace pensar que a veces no somos conscientes del alto valor que tiene nuestro trabajo y nuestra Semana Santa, sintiendo una gran admiración por esos aspirantes que desde tan lejos prueban suerte sin saber previamente si existirá hueco para ellos.

Todo llega para el aspirante que sabe esperar, y ese el mejor consuelo que les queda a esas personas que con ahínco intentan pertenecer a una cuadrilla de costaleros para participar de esa manera en la cofradía, disfrutando bajo los pasos para evangelizar y provocar el rezo en las calles, aspirando a pertenecer a ese colectivo de hombres que son ungidos con un matiz distinto , ese matiz distinto al que aspiran hombres buenos, ese matiz distinto que solo tienen los obreros de Dios.

 

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