A los que ya están tan cerca de Ella…

Por aquellos hombres que ahora disfrutan de La Virgen, nosotros somos directos herederos de su legado costalero. Aunque son muchos más, hoy quiero compartir con vosotros el recuerdo de dos de ellos. Ellos ya alcanzaron la gloria de Dios. Sirvan, por supuesto, sus ejemplos de cristianos, cofrades y apasionados de nuestro oficio costalero.

Recuerdo vagamente a un costalero, todo clase y pundonor bajo el paso. Vivía hacía ya algún tiempo en un pueblo de Sevilla, concretamente en Villanueva del Ariscal, pero seguía estando perdida y locamente enamorado de La Virgen a la que no veía tanto como él quería. Fue quien labró la parihuela que hoy cobija y aguarda los sueños de los costaleros del palio azul. Humilde, cariñoso, muy sevillano en el concepto costalero, callado y siempre honrado en el esfuerzo. En definitiva, ejemplo de buena persona. Dicen los que tuvieron la ocasión de disfrutar de él que era todo cariño y amor a La Virgen. Aunque pasen las generaciones y generaciones, su recuerdo siempre estará bajo el paso cada Domingo de Ramos, a buen seguro ayudando a mover con gracia, desde el cielo, ese zanco izquierdo al que siempre se agarraba dulcemente, convirtiéndose así en uno de los puntales de la Gracia doliente. Su querida madre, que lógicamente extraña su ausencia y se duele por la pérdida prematura de su hijo, le recuerda todos los años como costalero de La Virgen en la calle Carmen, a las puertas de la que fuera su casa. Ella cuenta que durante esa chicotá vive el ‘milagro’ de poder volver a sentirlo muy cerca, y por eso da gracias a Dios y a La Virgen.

Y mi recuerdo va hoy también para aquel otro hombre de tez morena, curtido en mil batallas, enamorado también de La Virgen, siempre de impecable y clásico terno negro; parafraseando a Garrido Bustamante yo digo de él que era un “maestro de los martillos y de las voces de miel”. Tenía un sentido espacial, de la medida, inmejorable. Si él decía que el paso entraba, es que entraba…Era capaz de pasar la calle más angosta sin apenas dar voces de mando, sin estridencias. Elegante en las formas, siempre cariñoso con todos los que trabajamos a sus órdenes y fuimos los pies de La Virgen. Personalmente, ahora recuerdo cómo posaba dulcemente su mano sobre la mía que agarraba el zanco, como queriendo sentir directamente el esfuerzo de su gente. Nunca alardeó, ni permitió estridencias con La Virgen. Sus voces, inspiradas en los grandes del martillo sevillano, fueron todo un referente en la costalería de la ciudad. Con él, empezaron a andar bien los pasos de palio en nuestra ciudad; ¡¡no correr!! pedía, y la dulzura de las caídas golpeando los varales se convertía en sentida oración de los costaleros. La cuadrilla de La Virgen, a sus mandos, pudo ser probablemente la mejor cuadrilla de los años noventa. Afortunadamente muchos de nosotros, tuvimos la fortuna de ser sus peones.

Muchos ya habréis reconocido a los dos, hablaba de Abelardo Buzón, costaleros de la primera que falleció muy joven no llego a los cuarenta, y del entrañable capataz de la Virgen, Jesus Ramirez. Y Ahora llega, un año más, el momento de honrar su memoria. Es nuestra responsabilidad, y ha de ser también nuestro sano orgullo, elevando una humilde oración por su eterno descanso con nuestro esfuerzo y dedicación. ¡Costalero!, ve a buscar en aquel rincón donde los guerreros velan armas. Busca tu imaginaria coraza: tu fiel collera… Volveremos a vernos pronto, muy pronto. Los que fueron, los que quisieron, los que no pudieron y quieren… Será el de VIERNES, 3 de FEBRERO a las 21:15 horas, donde siempre…Cómo no, en el Patio de los Naranjos del Colegio San José.

 

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