La Segunda República despertó, régimen político democrático que existió en España entre el 14 de abril de 1931, fecha de su proclamación, en sustitución de la monarquía de Alfonso XIII, y el 1 de abril de1939, final de la guerra civil, que dio paso al régimen franquista. Con ella una serie de acontecimientos sociales y políticos con quema de iglesias, conventos y miles de muertes de sacerdotes y religiosos. Nos tocó en Jerez sufrir esta barbarie sin razón con un final feliz, por decirlo así, que muchos de vosotros conocéis pero que siempre conviene recordar para que no vuelvan a ocurrir.


Sonaba ya por nuestro Jerez que algo iba a ocurrir, sabían de la quema de conventos en diferentes partes de la católica España y llegó la hora de salvar al mayor tesoro de la casa, la Virgen del Carmen. Un monaguillo propuso resguardarla bajo el hueco de la escalera de su cercana casa, en la calle Juan de Abarca, y así lo hicieron, sin levantar sospechas. Llevaron a la Santísima Virgen a su nueva morada… que suerte tuvo aquella familia dándole cobijo a tan grande Reina.


Al día siguiente unos desalmados, sobrados de ira y sin pudor alguno, entraron a la fuerza en la Iglesia del Carmen buscando a la Señora de marrón hábito pero ya no estaba entronizada en su nube, gracias a aquel monaguillo que quiso hacer de su casa el camarín de la Virgen. Destrozaron todo cuanto encontraron, nada había de lo que realmente buscaban, pero al pasar por la imponente sacristía pendía de una cruz una bellísima imagen de Jesús Crucificado. Cuentan las crónicas, escritas están en los periodicos locales de la epoca, que sobre la cajonera de estas dependencias y delante de un cuadro de Rodríguez de Losada se ubicaba el que hoy es dueño y señor del corazon traspasado de los hermanos de la Sagrada Lanzada. Aquellos barbaros intentaron, sin lograr su objetivo, con cuerdas y a machetazos bajar a Cristo de la cruz, ¿acaso Jesús quiso que eso ocurriera en el Monte Calvario?. Tal fue la resignación de aquellos descerebrados que dieron por finalizado aquel ultraje y un milagro obró en aquella sacristía carmelita. Al poco tiempo ese echo llevó a que el Santísimo Cristo de la Lanzada, sin advocación conocida en aquel entonces, ocupara la embocadura del camarín de la Virgen del Carmen mientras que Ella, la dueña del lugar, volvía de aquella santa casa que la resguardara durante no poco tiempo. El bello Crucifijo se instalaría al final de la nave del evangelio sobre regio dosel donde hoy está el cuadro de los mártires, donde a diario y casi a ras de suelo recibiría la visita de cientos de fieles con sus oraciones en acción de gracias y quien sabe si hasta para pedir su perdón.


Perdonalos Padre, porque no saben lo que hacen. Así termino esta publicación, el Señor es misericordioso y la Virgen nos cubre con su manto como hijos suyos que somos.

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