Manuel Jesús Elena Hernández.- La ilusión es ese sentimiento de esperanza que genera en nuestros adentros la enorme sensación de vivir aquello que se desea. El hombre desde su infancia vive momentos ilusionantes con los que soñó, sueña y seguirá soñando, pues es la ilusión ese motor que nos ayuda a vivir cada día con una sonrisa.
Los previos de una boda para la novia en el día mas importante de su vida, el partido esperado cuando se ha llegado a la final de una competición, los previos de la paternidad, esa visita del ser querido que tienes lejos, entre otras situaciones, son ejemplos de ilusión en la vida cotidiana de cualquier ser.
Pero el mejor ejemplo de ilusión, queda reflejado en el rostro de los niños en estos días que han pasado, pues con ilusión esperaban la llegada de los Reyes Magos de Oriente, soñando que entraran en sus casas para dejarles aquellos regalos que en el principio del periodo de Navidad quedaron manuscritos en esa carta que todos alguna vez hemos escrito, y que en nuestro interior de alguna manera u otra seguimos escribiendo.
La ilusión comienza ahora en lo cofrade, contando los días restantes para que llegue lo que tanto ansiamos, la ilusión nos hará niños sonrientes a la espera de lo que esta por llegar, que no es otra cosa que el sentimiento de una nueva Semana Santa.
Recordando Semanas Santas pasadas, veo en mi memoria la primera vez que vestí el habito nazareno, tenia doce años, y pude iluminar el camino de la Virgen de la Misericordia. Recuerdo perfectamente, como si de ayer se tratara, la preparación de la túnica, mi madre cosiendo el escudo en el antifaz, los guantes blancos preparados junto al cinturón de cuero negro, recuerdo perfectamente mi ilusión. La ilusión también me hace recordar la primera vez que fui costalero de la Virgen de los Dolores, mis amigos bajo el paso, demostrando hombría en unos cuerpos que quizás aun no eran de hombres. Recuerdo como paso todo, como vi al Señor salir desde el interior de San Lucas, la subida de la Virgen por Luis de Isasi, el sonido del cantar de las monjas de la entonces Sor Ángela bajo el paso…
Todo lo recuerdo con ilusión, porque la ilusión no acaba. ¿Quizás no ilusiona imaginarse el revirar mas bonito de un palio para encarar esa calle oscura en la que cada año se produce el caminar mas bonito de la Virgen? ¿No ilusiona ver al Señor Crucificado salir del templo del arcángel, iluminado únicamente por sus candelabros y por una ráfaga continua de flashes semejando cual tormenta pudiera darse? ¿Ilusiona ver de nuevo al olivo mas grande dar cobijo a los pulsos “prendíos” del que todo lo puede? Claro que nos ilusiona.
La ilusión no entiende de edades, la ilusión entiende de sentimiento, el sentimiento de vivir lo soñado, y lo soñado esta cerca. Sueñen, pues cada vez falta menos. Os dejo soñando con una nueva Semana Santa, una Semana Santa que un año mas nos regalara momentos inolvidables, momentos llenos de ilusión, pues la ilusión no acaba.

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