Con mi bolígrafo azul y mi libreta llena de tachones, palabras y escritos en mano y sentado en el escritorio me dispuse a dar a luz mi primer artículo sobre el mundo de las cofradías por lo que empecé a pensar y preguntarme sobre temas diversos y acontecimientos cofrades recientes. Borrones tras borrones inundaron mi libreta, nada parecía convencerme hasta que llegué a la conclusión de concebir un artículo cofrade para aquellos que sí lo son y los que se sienten más reacios al tema.

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¿Qué mejor que definir aquello a la cual todo cofrade debe pertenecer? Aquella organización que todos creen conocer y nadie en realidad sabe. LAS HERMANDADES, aquellas organizaciones en la que muchos buscan en ellas un mejor puesto social, ser reconocidos en un mundo cerrado y lleno de oscuridad, en el cual solo personas vacías de mente y aún peor, vacías de corazón, como si de un agujero negro se tratase podrían desear dicho reconocimiento. Para ellos lo más importante es tener sobre sus palmas una vara, un palermo o cual distintivo que indique superioridad frente a los demás fuese. De ser simples seguidores que idolatran otras personas que le hacen subir un peldaño en el status social olvidándose del Señor, el cual es el verdadero motivo para pertenecer a una Hermandad.
Gracias a Dios, hay “otro” mundo, otros seres que si son humanos y luchan por el bien de su cofradía y de la gente que pertenece a ella (quiero creer que la mayoría son así). Estas personas que en realidad son cofrades y cristianas y que a pesar de horas y horas trabajando (el que suerte tenga de trabajar, ya sabemos la situación que nos ha tocado vivir) dedica parte de sí y de su tiempo para la Hermandad. Ellos sí son los verdaderos merecedores de halagos, varas y reconocimientos, pero hay algo que agrandan más sus corazones, no quieren ni necesitan reconocimiento alguno, sólo el del Santísimo y la Virgen. Suficiente para un cristiano.

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Estos jornaleros del Señor y de las Hermandades de buen corazón están libres de envidias y ego, ellos no critican, no desean mal a nadie. Un vestidor que engalana a las imágenes con fe, un mayordomo que cuida de Ellas, un Hermano Mayor que apuesta por la juventud, los hermanos de la cofradía y un sinfín de personas que trabajan en ellas. Los cuales sólo tienen un único fin, que sus nazarenos (desde aquel abuelo, hasta el monaguillo más pequeño de la cofradía) y todo un barrio disfruten del Señor y María La Virgen, pidiendo cada uno sus particulares favores.
Porque… ¿Para qué sirve criticar y odiar en esta vida terrenal? Sólo cabe lugar para el orgullo de una cofradía que son todos los hermanos, aportando lo mejor de sí y demostrando a los que no entienden ni comparten este sentimiento, que los que pertenecen a una hermandad son “diferentes”. Son personas humildes y con grandes corazones.
Ya lo dijo Jesús: “Aquel que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.”

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