Adrián Zurera de la Peña.- Se cumple el primer aniversario de la salida procesional de la Hermandad apodada cariñosamente por todos sus devotos y jerezanos como Los Judíos de San Mateo. Salida que tuvo lugar el día 11 de octubre del año pasado con motivo de los 300 años de la bendición de esta imagen que representa a Jesús orando en una peña de manos atadas, mientras le ultiman el madero donde entregará su vida para salvar del pecado a toda la humanidad.
Si no tenéis en este instante en vuestra memoria una imagen de esa jornada, os recuerdo que estuvo en duda la susodicha salida por lo que viene siendo habitual cada vez que una hermandad se dispone a salir de su templo, la temida lluvia. la misma hizo acto de presencia poniendo en vilo a todos los hermanos de esta añeja hermandad frente a la salida procesional, cuestionando los caminos alternativos por si ésta sorprendía a mitad de recorrido. Recorrieron la mitad del itinerario. Luego, hubo un concierto por parte de una de las bandas contratadas al no poder participar en la procesión. Un caos…
Me dispongo a dar mi opinión al respecto, ya que cuando trascurre cierto tiempo de estos acontecimientos se debe de volver a vivirlos (pero en nuestro recuerdo) y así cavilar sobre los posibles errores y acontecimientos ocurridos. Ahora, nos adentramos en una salida extraordinaria esta semana y otra en la siguiente, donde seguro que por parte de estas cofradías no han revisado el historial de los acontecimientos vividos con anterioridad, ya que siempre se plantea la procesión con un sol que luce al más no poder, pero nunca se toma un tiempo de reflexión para saber la manera en la que se ha actuar en caso de nubes cargadas de agua hagan acto de presencia –algo habitual en jornadas cofrades-.
Ahora bien, no debemos pasar por alto el acompañamiento de la cofradía, ya que debe de haber un gran número de hermanos para realizar una salida extraordinaria tanto como “ordinaria” porque una cofradía no puede realizar una estación de penitencia con 100 hermanos o menos (como ya ha ocurrido). Cuando esto ocurre, debemos de cambiarlo con el fomento de la vida parroquial, creando actividades para jóvenes, acercando la hermandad a su barrio o haciendo de ella un espacio acogedor y haciendo gala de su nombre, HERMANDAD. Si nos preocupamos más por el exorno floral, el cuerpo escultórico o en la banda que traer, me temo que no hablamos de una Cofradía, sino de un paso de Viernes de Dolores.

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