Prólogo:   es típico en esta fechas, contar historias, reales o no, actuales o históricas, para así de forma catequética, adentrar al oyente en el tiempo navideño; aportándole además diversos valores éticos, que ayudan a hacer un mundo mejor y acrecentar la fe. Pues bien, en este tiempo de Esperanza en el que nos encontramos, hay quien lo dedica a cosas que, ya de principio, no proceden y a las que además, se les falta el respeto, perdiéndole el sentido de una forma abrumadora y que aún indicándoles que no es correcta la forma en la que actúan, no son capaces de aceptar un error, ni de pedir disculpas, sino que además se vanaglorian de lo logrado, cuando no es ético , ni sirven para mejorar nada, (de hecho desunen), ni acrecienta la fe de nadie; pero como esto no tiene nada que ver con lo que nos acontece, no merecen más mención, pues son otras historias.

Primer relato.

Me desperté temprano, aunque la noche fue una continuidad de desvelos, debido a que los nervios se apoderaron de mi, esta vez no me costó trabajo salir de la cama, era un gran día, la ropa estaba preparada, el desayuno en la mesa y todo listo, sin que faltara un detalle; una vez acabada la rutina de la mañana, acicale mi barba, cogí el bastón, y deje el hogar como si fuera un rayo, pues la paciencia no estaba conmigo esa mañana; con el nerviosismo que poseía,  no me sentí capacitado de bajar en ascensor, por lo que lo hice por las escaleras; ya en la calle, el camino fue sin percatarme de nada, el recorrido lo hice de forma instintiva, y no se con las personas que me pude cruzar durante el transitar, solo importaba llegar al destino; y así fue, llegué, fue mi gran momento, el que tanto esperaba y el que creía que no iba a salir bien, pero salió y mi madre siempre supo que lo iba a hacer bien, representé a San José en la función navideña de mi escuela.

Segundo relato.

Me desperté temprano, aunque la noche fue una continuidad de desvelos, debido a que los nervios se apoderaron de mi, esta vez no me costó trabajo salir de la cama, era un gran día, la ropa estaba preparada, el desayuno en la mesa y todo listo, sin que faltara un detalle; una vez acabada la rutina de la mañana, acicale mi barba, cogí el bastón, y deje el hogar como si fuera un rayo, pues la paciencia no estaba conmigo esa mañana; con el nerviosismo que poseía,  no me sentí capacitado de bajar por las escaleras, por lo que tome el ascensor para evitar un tropiezo con las prisas, ya en la calle, los nervios y la bruma matinal, hizo irremediable dar algún que otro tiritón por el camino, pero todo me daba igual, solo importaba llegar al destino, y así fue, llegué, el momento que tanto esperaba, para muchos era una simpleza y algo corriente,  pero para mí era importantísimo y que no tenía muy claro que fuera a ser cierto, pero mi mujer nunca dudó y me decía tranquilo que seguro que todo sale bien; y es que después de varios años todos mis hijos y mis nietos vamos a estar unidos celebrando la navidad.

 

Epílogo: historias muy similares pero muy distantes en el tiempo, me sirven para explicar que en la vida todo pasa, pero las sensaciones no se olvidan, que la ilusión, sea por lo que sea, por millones de motivos que cada persona pueda tener, a lo largo de su vida, es lo que mantiene activa el alma; y que la Esperanza, nunca debe perderse, ya que es  la vida misma, en todo su conjunto y sin Esperanza no hay vida.

Estamos en tiempo de Esperanza, que es la finalización del Adviento, para una nueva venida de Cristo, vivámoslo con ilusión, sintiéndolo con paz, amor y alegría, y así nos podremos olvidar de otras historias.

Y no lo olviden, la esperanza es el pilar que sostiene al mundo. La esperanza es el sueño de un hombre despierto.

Feliz navidad.

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