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Alejandro Ivison Castaño.- Es una noche de mayo en Jerez, la ciudad se vuelve a vestir de gala un año más para celebrar la Feria del Caballo, un evento que año tras año vuelve a poner el nombre de nuestra ciudad en todo el país, y me atrevería a decir que en todo el mundo.
A escasos metros del corazón de nuestra ciudad, de su casco histórico se instala de nuevo esa ciudad efímera en la que durante estos días gira la vida de nuestra ciudad. Unas doscientas casetas y un ambiente inmejorable en el que disfrutar de nuestros amigos y de nuestra gente, esa que es mundialmente conocida por su carácter amable y abierto que hace de nuestra tierra una de las más envidiadas.
Pues pese a lo que les acabo de contar, se ve que hay algunos que no tienen suficiente para disfrutar y ser felices, por que su felicidad se basa principalmente en fastidiar a los demás, no respetando los pensamientos y creencias de los cristianos, que en nuestra ciudad se cuentan por miles, y decide que, de noche, y cuando nadie le ve pintar un azulejo con una imagen a la que muchos veneran.
Debemos pedirle a la Virgen no ya que enderece a estos energúmenos (por llamarlos de alguna manera) que se dedican a pedir respeto para ellos y para sus ideales, pero no son capaces de respetar a otros muchos, que pese a los continuos ataques a nuestras creencias, seguimos respetando y aguantando a aquellos que una y otra vez nos faltan al respeto.
Y esto es sólo una muestra más de en que se está convirtiendo nuestra sociedad y nuestra querida ciudad, en un lugar donde no se respeta ni a nada ni a nadie. Esta vez ha sido ese azulejo, mañana no sabemos que será.

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