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Escultor de Pocamonta- Hablemos de calentamientos. De calentamientos y calentones.

Las cabezas pululantes se ciñen a un cierto estatus mandatario para regir los designios del futuro. Como un titiritero en el telón de atrás, maneja a su reverendo antojo todo lo que a el le viene en gana. El sigue que te sigue clarificando historias, inventando otras, todo por seguir conservando el estatus inagotable de la fuente primitiva, oscura y silenciosa.

Cuando parecía que no habría función, todo giró de repente. Exactamente lo hizo hacía el lado donde tenía que girar, al de la convicción inequívoca de querer trabajar con savia renovadamente joven, pero experta en grandes batallas.

Y todo se fue al traste. No sabía como manejar esta historia porque nunca la tuvo en la mano y se tuvo que inventar otra.  La misma que tenía en su cabeza, con los actores que debían de ser fundamentales dentro de la película. Un todo por el todo. Porque si y nada mas.

Ahora hay dos películas. La del calentamiento y la del calentón. Una le ha salido rana, la otra le saldrá sapo.

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