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M.C.S.- El Santísimo Sacramento recorrió las calles de las ciudades y pueblos de la Diócesis de Asidonia-Jerez en una jornada en la que la solemnidad del Corpus Christi se visibilizó tanto en los templos, no en balde las procesiones parten de la propia Eucaristía, como especialmente en las vías públicas en las que alfombras de flores, sal o serrín y los altares con imágenes de la Virgen o de santos aguardaban al paso de las respectivas carrozas sacramentales ocupadas por la hostia consagrada en las custodias.

Monseñor José Mazuelos Pérez, quien la presidió en Jerez, invitó a la reflexión en torno a tan importante cita litúrgica. El obispo diocesano señaló que la Eucaristía es presencia de Cristo, “no viene a imponer nada, no viene a imponer ninguna idea, sino a ser compañía del hombre peregrino” señaló; es también alimento, “para un mundo que está hambriento de felicidad y que como en el Evangelio está en un desierto plagado de espejismos de falsa alegría”, y también es sacrificio, “en cada celebración de la Eucaristía se repite el sacrificio del Calvario, la fuente de la misericordia”.

“Que el gesto de esta procesión eucarística que vamos a realizar responda también al mandato de Jesús de dar de comer, un gesto como dice el papa Francisco para hacer memoria de Él, un gesto para dar de comer a las muchedumbres actuales, un gesto para partir nuestra fe y nuestra vida como signo del amor de Cristo por esta ciudad y por el mundo entero” ha dicho el pastor ante unas naves de la Catedral abarrotadas de fieles que, sólo unos minutos después, se alinearían en procesión, muchos de ellos en las representaciones de hermandades y otros movimientos de Iglesia.

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