No basta con experimentar la misericordia de Dios en la propia vida; también es necesario ser instrumento de misericordia para los demás.
Papa Francisco.

Perdónalos, Padre. Hablan en tu nombre, intentan seguir tus pasos durante un año, más que nada porque así sacan pasitos a la calle y esas cosas que Tú bien sabes ya. Además de montar impresionantes Besamanos o Besapiés. Anudarse la corbata, colgarse la medalla y coger la vara.

Han celebrado la festividad de Cristo Rey –no sé yo si entenderán el verdadero significado como algo más que Besamanos-. Y es que los montan de cualquier manera, aunque eso es otro cantar Padre.

Este año hemos hablado en tu nombre, en tu Misericordia como si fuéramos nosotros mismos aquel que murió en la cruz, como si fueran Tú. A veces, somos fanáticos de esa manipulación de aquellos de mente arcaicas que especulan con tus palabras.

A veces, no somos conscientes de esa eterna Misericordia, la cual no se clausura en un año, puesto que hay millones de personas que sufren y necesitan ayudas, por lo que requieren de nuestra compasión, de nuestra calidad humana y cristiana.

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