Lucas Álvarez
La imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, que hoy se venera en el Real Santuario de San Lucas, realizará una procesión de alabanzas el próximo domingo 1 de noviembre. Se trata de una cita que se nos presenta como una recuperación histórica y una oportunidad para dar a conocer una devoción mariana que lleva presente en nuestra ciudad desde hace siglos.
Para conocer los orígenes de esta talla debemos remontarnos a la primera mitad del siglo XIV, cuando los cristianos luchaban por restablecer el culto católico en la península y especialmente, en esta zona.
La victoria en la batalla del Salado supuso la tranquilidad para las ciudades fronterizas de la campiña jerezana y por ende, para otras muchas localidades. La participación de numerosos jerezanos y lorquinos hizo posible la victoria del bando cristiano. Este hecho motivó al Rey Alfonso XI, según la tradición histórica, a donar a la ciudad la talla de su Virgen de las Batallas, bajo la advocación de Guadalupe, que desde entonces ocupa un lugar en la Iglesia de San Lucas.
Con estos antecedentes es razonable detenerse a pensar cómo es posible que una imagen de tal antigüedad no haya presidido ningún culto externo con anterioridad. La respuesta a la luz de los datos conocidos, merece al menos matizar lo que ya se ha publicado.
En las últimas dos décadas tenemos constancia de dos traslados en los que participó la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, uno con motivo de las obras de la Iglesia de San Lucas en 2019 y otro tras el cierre de la exposición Limes Fidei en la que participó la Santísima Virgen.
Uno de los antecedentes más cercanos a una procesión nos lleva a 1989 cuando la Santísima Virgen participó en el cortejo del Corpus Christi de nuestra ciudad. Para aquella ocasión la Virgen fue entronizada sobre el paso de Nuestra Señora del Carmen y procesionó acompañando a su Divina Majestad, en las estampas conmemorativas de entonces se indica:
“Recuerdo de la salida procesional de la Virgen de Guadalupe […] acompañando al Santísimo Sacramento. 25 de mayo de 1989”.
Un dato que conviene recordar cuando se presenta la próxima salida procesional de la Reina de las Españas por primera vez.
Si retrocedemos algunas décadas más, encontramos otro antecedente de especial interés. El periódico “El Ayer” recoge que el 8 de junio de 1941, en la Solemnidad de la Santísima Trinidad, la Virgen de Guadalupe participó en una procesión celebrada en el marco de unos solemnes cultos de rogativas por la paz en el mundo que tuvieron lugar en San Lucas.
Según los datos que aporta esta crónica, la procesión estuvo presidida por la Junta de Gobierno de la Hermandad de los Dolores y el párroco de los Cuatro Evangelistas. Sobre las andas se indican que se trataba un paso artístico adornado con sencillez. También señala que a la comitiva se sumaron, con sus guiones, numerosas hermandades penitenciales de la ciudad.
Nuevamente este episodio merece una atención especial, la documentación permite aportar que la Reina de las Españas ya habría presidido varios cultos públicos o salidas procesionales organizadas por la propia Hermandad de las Tres Caídas.
Pero la historia de la Virgen de Batallas de Alfonso XI es muy dilatada y entre otras referencias merece la pena la destacar a las noticias del siglo XVIII. Bartolomé Gutiérrez recoge en su obra Año Xereciense, publicada en 1755, una referencia a la Gran Procesión General celebrada en 1733, con motivo del traslado del Santísimo Sacramento a la reedificada parroquia de San Lucas. En el relato, junto a otras imágenes sagradas, aparece mencionada Nuestra Señora de Guadalupe.
De confirmarse la participación en aquel cortejo estaríamos ante un antecedente del siglo XVIII. Además hay que tener en cuenta que esta imagen contaba con una Hermandad propia, que realizó el encargo del retablo mayor de la Iglesia de San Lucas y de la que hoy, se desconocen más datos. Sirvan estas palabras para animar a ir a los archivos a investigar a todos aquellos que estén interesados en conocer nuestra propia historia.
En definitiva, la difusión de este tipo de acontecimientos gana un valor añadido cuando se cuida la rigurosidad histórica. Celebrar esta procesión es una excelente noticia para la ciudad y para su devoción, pero hacerlo reconociendo su trayectoria previa —y no bajo una premisa falsa de primicia— enriquece la memoria colectiva y rinde un mejor homenaje a la propia historia de la imagen.
