Jerez no baja el pulso. Si el Domingo de Ramos fue el de los estrenos históricos y el Lunes el del fervor de la periferia, el Martes Santo llega con esa madurez propia de quien sabe que la Semana Mayor ha alcanzado su plenitud. Es una jornada de contrastes marcados: el andar costalero de los barrios más jóvenes frente a la sobriedad y el rancio abolengo de las hermandades de negro.
El rugido de San Rafael y la humildad de la trasera de Aladro
La Hermandad de la Salud volverá a ser la encargada de abrir el cielo del Martes Santo. Desde la parroquia de San Rafael, el Señor de la Salud —obra de Fernando Aguado— pondrá ese compás necesario que marca el paso de los barrios del sur. Por su parte, la Clemencia, desde San Benito, aportará de nuevo esa impronta de cofradía de largo recorrido, con un misterio de la Traición de Judas que es ya una de las grandes puestas en escena de nuestra Semana Santa.
El señorío de los Judíos y la elegancia de la Defensión
En el corazón de San Mateo, los Judíos pondrán la nota de historia viva. Ver el misterio del Señor de las Penas es como viajar en el tiempo, una estampa de plata y bordados que es referencia absoluta para el cofrade. En el extremo opuesto de la estética, pero con igual excelencia, la Defensión marcará el camino de la sobriedad desde la calle Sevilla. El crucificado de Esteve Bonet, entre el silencio y el orden de sus nazarenos, es la personificación del rigor y la elegancia militarizada.
El Amor: la impronta con sabor añeja
No se puede entender este día sin el paso de la Hermandad del Amor por el entorno de San Juan. El binomio que forman el crucificado del Amor y la imponente Virgen de los Remedios que por fin podremos contemplar en la calle tras dos años sin hacerlo. Muy atentos a la restauración del crucificado, redescubierta por Mari Paz Barbero.
Una tarde de luz y sosiego
Con las previsiones meteorológicas a favor y tras haber superado los embates del viento de días atrás, se espera que el Martes Santo se desarrolle con total normalidad.

